Revista Multidisciplinaria Perspectivas Investigativas
Multidisciplinary Journal Investigative Perspectives
Vol. 6(especial), 34-44, 2026
Fact checking como garantía del derecho a la información veraz
Fact-checking as a safeguard of the right to accurate information
Deinier Ros-Álvarez
Karolina Genesis Robles-Zambrano
Ingrid Joselyne Díaz-Basurto
Yuri Stefany Quiroz-Cedeño
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sino también garantizar las condiciones estructurales que hacen posible una verificación
rigurosa y accesible. De igual forma, según Viteri-Naranjo et al. (2025), la transparencia
gubernamental y el acceso efectivo a la información pública operan como presupuestos del
control democrático; por lo tanto, la disponibilidad de datos abiertos y verificables se configura
como un componente indispensable para el desarrollo de procesos de fact-checking con
estándares elevados de fiabilidad. Por consiguiente, la omisión estatal en materia de
transparencia no solo limita el acceso a la información, sino que también compromete la calidad
epistemológica de la verificación, al obligar a los verificadores a recurrir a fuentes indirectas o a
inferencias con menor capacidad probatoria.
Por otra parte, en el plano normativo, la regulación de la desinformación plantea tensiones
sustantivas entre protección informativa y libertad de expresión. A pesar de ello, de acuerdo
con Serra-Cristóbal (2023), cualquier respuesta jurídica debe estructurarse bajo el principio de
proporcionalidad, evitando que la intervención estatal derive en restricciones indebidas del
debate público. En cambio, cuando la regulación carece de estos límites, se corre el riesgo de
institucionalizar mecanismos de censura indirecta. En ese sentido, el contexto de las
plataformas digitales intensifica esta problemática, dado que la delimitación entre contenido
desinformativo y discurso legítimo se vuelve progresivamente ambigua. De la misma manera, el
fact-checking, al sustentarse en la transparencia metodológica y en su carácter independiente,
constituye un modelo de control informativo que permite equilibrar dichas tensiones sin
comprometer derechos fundamentales.
En el mismo orden de ideas, la desinformación no puede reducirse a la falsedad empírica, ya
que opera también a través de configuraciones discursivas que inciden en la construcción
social de la realidad. Así, conforme a Souto-Galván (2024), este fenómeno actúa como
catalizador de discursos de odio y prácticas discriminatorias, amplificando narrativas que
refuerzan estructuras de exclusión. Por consiguiente, los mecanismos de verificación deben
trascender la mera comprobación factual para incorporar análisis crítico del discurso. En otras
palabras, ciertas formas de desinformación, al no presentar falsedad explícita, resultan más
resistentes a los métodos tradicionales de verificación, lo que exige enfoques metodológicos
más complejos y multidimensionales.
En continuidad con lo anterior, la crisis de legitimidad asociada a la posverdad introduce un
desafío estructural para las instituciones informativas. En este contexto, según Galdámez-
Morales (2019), la respuesta no puede limitarse a la verificación de hechos, sino que debe
articularse con la reconstrucción de la confianza pública. Sin embargo, dicha reconstrucción
requiere prácticas sostenidas de coherencia, transparencia y rendición de cuentas. De hecho,
tal como señalan Maldonado-Durazno et al. (2025), la reputación institucional constituye un
recurso altamente vulnerable, susceptible de deterioro ante inconsistencias entre discurso
normativo y prácticas efectivas. Por ende, los organismos de fact-checking deben operar bajo
estándares verificables que refuercen su credibilidad en el ecosistema informativo.
Por otro lado, en la dimensión tecnológica, la gobernanza de la información enfrenta una
paradoja estructural derivada del rol dual de las plataformas digitales. En efecto, de acuerdo
con Expósito-Gázquez (2022), estas plataformas no solo facilitan la circulación de
desinformación, sino que concentran los recursos técnicos necesarios para su detección. No
obstante, transferirles la capacidad de decidir sobre la veracidad de los contenidos implicaría
riesgos significativos en términos de concentración de poder informativo. Por esta razón,
resulta necesario diseñar modelos de gobernanza que articulen responsabilidades
compartidas, manteniendo la función de verificación en manos de organismos independientes.
A la vez, la evolución tecnológica impone la necesidad de revisar continuamente los marcos
éticos que regulan la producción y circulación de información. En este sentido, según Arriola-
Rosales (2024) y Silva y Espina (2006), la ética informática debe concebirse como un sistema
dinámico, capaz de adaptarse a los cambios tecnológicos. En consecuencia, el fact-checking
requiere una actualización constante frente a nuevas estrategias de desinformación. De igual
manera, la incorporación de inteligencia artificial en estos procesos representa una oportunidad
metodológica, siempre que se articule con marcos normativos adecuados; en ese contexto,